Bavaria 36 vs Azura.

 

   El Azura partió de Cartagena el pasado miércoles veinticuatro de Mayo de dos mil diecisiete, a las diecisiete horas, en el preciso momento que Gonzalo y yo sacamos el Pantera Rosa.

   Preparando el post que estás leyendo en estos precisos momentos introduzco los datos en VesselFinder, el buscador de barcos, y me encuentro que ya está navegando de Southampton a Stavanger, Noruega, ciudad natal de Kari Schibevaag. En cinco días le ha dado tiempo a salir de Cartagena, cruzar el Estrecho, llegar a su puerto base y navegar a Stavanger.

   El Azura, construido por el astillero italiano Fincantieri es operado por la P&O con bandera de Bermudas. Es de la clase Grand. El chiquitín mide doscientos noventa metros, con una manga de treinta y seis metros y cala ocho metros. Es altísimo, con diecinueve cubiertas, extremo éste nos hizo pensar que debe llevar una quilla bastante lastrada, como un “tentetieso”. Alcanza los veintidós nudos y puede albergar mil doscientos veintiséis tripulantes y tres mil noventa y seis pasajeros.

   Por el contrario, y a grandes rasgos, el Pantera Rosa es un velero construido por el astillero Alemán Bavaria Yatchs y tiene bandera Belga. Mide once metros y cuarenta centímetros, es decir, treinta y seis pies, con una manga de tres metros sesenta centímetros y cala un metro y ochenta centímetros. Tiene capacidad para seis plazas dispuestas en tres camarotes y un baño.

   Lo de por qué las banderas son de Bermudas y Bélgica tiene mucha similitud, en proporción a sus tamaños claro, y da para otro post, así que no voy a quemar las naves en éste.

VÍDEO

    Si hacemos una simple regla de tres podemos ver cuanto calaría el Pantera Rosa si midiera de largo como el Azura: Si once metros y cuarenta centímetros son un metro y ochenta centímetros entonces doscientos noventa metros son equis. La equis es igual a... cuarenta y cinco metros setenta y nueve centímetros!!! Supongo que un ingeniero naval me echaría por tierra la teoría. Me da igual. ¿Os imagináis un Pantera Rosa de trescientos metros? Realmente necesitaría una quilla de unos cuarenta o cincuenta metros de calado?

  Una vez salido del puerto y el Azura alejarse por la lontananza, un viento muy majo de dieciocho nudos con picos de veinte empezó a impulsarnos por la aleta de babor, así que nos fuimos al largo mar adentro, con olas cruzadas que nos entraban por la amura debido al péndulo que hacen las olas de levante al encontrarse con el Cabo de Palos.

   Habiendo alcanzado la distancia suficiente viramos en redondo para poner rumbo a la playa de Fatares. Esta vez el viento nos entraba por la aleta de estribor, otra vez de largo con el mar totalmente por el espejo de popa a ocho nudos y medio de corredera.

   Llegados al destino propuesto viramos otra vez a estribor, esta vez por avante, para colocar el Barco paralelo a la costa, pero esta vez con el viento a treinta, treinta y cinco grados por la amura de babor. El barco enseguida enseñó su hermosa panza debido a la ceñida. De esas que no puedes hacer cuando llevas a la familia un domingo a comer a la Isla Grosa. ¡Uy perdón, que está prohibido!

    Mientras Gonzalo se dedicaba a trajinar en el piano, los winches, escotas, cabos, drizas y demás aparejo yo me dedique a recordar cómo era eso de llevar el barco lo más fino posible, con el menor número de guiñadas, en el compromiso de velocidad y ángulo en las ceñidas; en que el barco no perdiera el rumbo con el embate de las olas en el casco del Pantera Rosa. Pero sobre todo recordar cómo disfrutaba mi hermano Jose, que en Paz Descanse, de nuestras innumerables navegadas por Torrevieja y alrededores. Yo creo que nunca podré llegar a disfrutarlo como él lo disfrutaba. Así que desde aquí le mando un poco de ese disfrute para que no se le olvide.

   Llegados a la altura de Cala Cortina enrollamos génova y mayor, conectamos el motor y atracamos el barco. Gonzalo tenía que estar en casa antes de las ocho y yo ir a Mercadona a comprar pan y leche, que la vida sigue.

 

Un saludo

twitter: @pablo_wing