Reality. Paddleboarding, A & Sailing Yacht A

    Sailing Yacht A, el velero privado más grande del mundo, diseñado por Philippe Starck por encargo de don Andrey Melnichenko comenzó a construirse en el astillero alemán de superyates Nobiskrug en 2011, para posteriormente continuar con su construcción, por la falta de espacio, en los astilleros German Naval, de Kiel. Y como todos sabéis y habéis podido ver estos días en los muelles de Cartagena, rematado en Navantia.

   Tiene 142,8 metros de eslora, es decir, un campo y medio de fútbol, 25 metros de Manga y 7,5 metros de calado en seco. Los mástiles construidos por la compañía inglesa Magma Structures, miden 90 metros y las botavaras han sido construidas por la marca española Futures Fibres. Las velas diseñadas por los holandeses de Dykstra Naval y fabricadas por la norteamericana Doyle Sails, tienen aproximadamente 3.700 metros cuadrados de superficie vélica.

   La propulsión está a cargo de dos motores diésel y dos eléctricos que le permiten llevar medias de 16 nudos, con puntas de 22, y autonomía de 5.300 millas náuticas. Ten en cuenta que para cruzar el charco se cubren unas 3000 millas.

   Por otra parte, el Motor Yacht A tiene colgado por las bandas el cartel de se vende. También lleva la firma de Philippe Starck y construido por el astillero Blohm + Voss en las instalaciones HDW de Kiel. Fue entregado en 2008, en plena crisis mundial. Su longitud es inferior a la de su hermano de vela, 118,87 metros y desplaza 6000 toneladas. Su diseño futurista se asemeja a la clase de destructor Zumwalt, de la marina de guerra estadounidense.

    La A de sus nombres viene directamente de la inicial del mismo Andrey y de Aleksandra Melnichenko

   Mientras sendos barcos se hallan amarrados en el muelle de Navantia me voy a dar un paseo con Marta con los Sups, que está haciendo mucho calor estas tardes y coger la bici puede ser contraproducente.

   Voy dale que te pego por babor y estribor con el remo y me doy cuenta de que mi tabla y los dos barcos comparten esencia. No te rías, no te rías…

   Tirando un poco de los clásicos y extrapolando las características de un ser natural de Aristóteles, los tres, tabla, velero y yate a motor comparten una esencia: la esencia de la navegación. Los tres pueden navegar si álguien los pilota. Una, la tabla asistida por un remo o una ola; otro, el velero, por la fuerza del viento; y el tercero el yate por la fuerza de sus poderosos motores.

   Pero lo que los diferencia, evidentemente, es la materia. La tabla, compuesta por tres escasos metros y un remo, lo que la hace prácticamente la unidad mínima de navegación; el velero de unos cuantos miles de toneladas de acero -de puro acero “pa” los barcos- ciento cincuenta metros y tres palos que podrían ser perfectamente las torres eólicas del vídeo de Danny León; y el yate a motor, que aunque menor que su hermano, más grande que la mayoría de sus primos, los superyates.

   Aunque comparten esencia, los diferencia su materia. Pero hay más: el grado se satisfacción que producen. Si fuera por el tamaño, evidentemente la tabla sería la que menos satisfacción produciría. Pero si la tabla me produce personalmente un grado de satisfacción enorme… Andrey tiene que estar que se sale con sus dos barcos. Tiene que estar pegando brincos de alegría todo el día, con un grado de satisfacción casi infinito, en una especie de orgasmo continuo.

   Lo mismo vivo como los seres de la caverna del “Mito de la Caverna” de Platón. Mi tabla es como las sombras que producen en la pared de la cueva, haciéndome creer que eso es la realidad, pero la realidad está ahí fuera, saliendo de la caverna y encontrándome navegando con uno de los dos A.

   Pues mira que creo que sendos barcos no se encontrarían fuera de la Caverna de Platón, si no más bien son sombras gigantes en una cueva gigante.

   Voy a centrarme en disfrutar de los paisajes que me brinda la costa de mi ciudad y en las sensaciones de estar sobre una humilde tabla, sintiendo el mar, la brisa, el sol y la compañía. Esto sí es real.

 

Un saludo

@pablo_wing