La Ola y el Tesla. Primeras olas sin neopreno.

   Por fín el primer baño con olas sin neopreno. Junio ya está aquí. Por fín. Dos días de levantillo con olas de un metro, metro y algo, lo justo para ir cogiendo forma con el sup de olas.

   Sin levantarme muy temprano el sábado llegué a eso de las doce a Playa de La Raja, en La Manga del Mar Menor, que suele estar vacía a la altura de las rocas, justo debajo de donde la Gran Vía de la Manga sube Monte Blanco. Los críos suelen bañarse a la derecha mirando al mar y los bañistas a la izquierda, dejando un pequeño carril para poder surfear, incluso un domingo de agosto, justo debajo del monte, bueno, de lo que queda de él. Los más pro se van a Galúa, donde bombea mucho mejor debido a la geografía del spot, pero yo con un sup en vez de una tabla de surf… prefiero no molestar, que ocupo mucho.

    El sábado el mar estaba bastante más ordenado que el domingo y pude coger unas cuantas olas, aunque no me llevé la cámara, ya que tenía ganas de aplicarme. El domingo, con un poco más de “kilómetros”, saqué la Go Pro Hero 3+ Black Edition y pude surfear sólo tres o cuatro olas, ya que el mar estaba muy revuelto, con corrientes laterales y olas cruzadas.

    El agua, en el primer remojón se notaba fresca, que no fría (para fría la del Polo Norte) pero muy turbia y desgraciadamente sucia, llena de plásticos desgastados y llenos de brea, y de algas, aunque estas no las considero suciedad propiamente dicha. Son parte del Mar.

   Mientras esperaba la “ola perfecta” veía pasar los coches de la Gran Vía a toda velocidad por el semáforo que hay justo en lo alto de Monte Blanco, mientras los peatones esperaban pacientemente a que éste se pusiera en verde. Dicha imagen me hizo pensar en el dilema moral en el que se encuentra actualmente la industria del automóvil autónomo: salvar al peatón imprudente o al "conductor" en caso de inminente atropello. Supongo que si el peatón actuase prudentemente el coche autónomo tendría tiempo de reaccionar satisfactoriamente.

    La industria, presionada por los políticos, tiene previsto salvar al peatón imprudente, haciendo que el coche lo esquive aunque para ello el “conductor” tenga un grave accidente que pueda provocarle la muerte, incluso al resto de pasajeros.

    Imagina por un momento un peatón imprudente saltándose el semáforo de Monte Blanco justo cuando sube tu coche autónomo, y el coche, programado para ello, esquiva al peatón para no atropellarlo y matarlo, se salta la bionda protectora que le separa del precipicio y se precipita sobre el acantilado produciendo la muerte de sus cinco ocupantes.

    Si el coche no te va a salvar en determinadas circunstancias... qué menos que en el caso de tener que decidir entre el "conductor" o el peatón imprudente el coche lo echara a suertes con un sencillo y rápido programa al más puro “cara o cruz”. O sopesara la cantidad de ocupantes del vehículo a sacrificar por un peatón. Eso sí, el coche tendría que saber cuántas personas llevan sus posaderas en el asiento. La solución salomónica sería la más acertada, es decir, que el coche lo echara a suertes. Pero no. Defenderá siempre al peatón, aunque vayan cinco en el coche y puedan perecer por esquivarlo. ¿Tú te comprarías o usarías un coche que a priori no te salvara en cualquier situación?

    Se me va la ola como siga distrayéndome mirando el tráfico.

 

 Un saludo

@pablo_wing