Ruta SUP: El Portús-Cala Aguilar-El Portús (con Cueva de Neptuno)

 El Portús es un pueblecito costero del término municipal de Cartagena, en la Región de Murcia, dentro del “Parque Natural de la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán”, perteneciente a su vez a la cordillera Penibética. En verano está repleto de vida pero en invierno queda prácticamente vacío. Etimológicamente, la palabra Portús, proviene directamente del latín, cuya palabra Portusium significa desaguadero, haciendo referencia a la rambla que desemboca las aguas de las lluvias torrenciales al mar por su playa. Ésta está cubierta de cantos rodados, aunque muy de vez en cuando, nos sorprende con una fina capa de arena.

 

Si bien hay acceso directo a El Portús, en verano es imposible aparcar desde muy temprano, puesto que a los coches de las gentes del lugar hay que sumar los de los primeros bañistas, como mi padre. Y en invierno, aunque ya vacío, con la inercia del verano, aparcamos directamente en la Playa de La Losa. Para ello, antes de bajar a El Portús desde la rotonda del collado de El Portús accederemos al mar por la Rambla. ¿Cómo? Para llegar a la Rambla tomaremos la referida rotonda que nos llevaría a El Portús, pero por el camino de la izquierda, entre las dos partes de una especie de portal de mampostería que anuncia el Camping Naturista del Portús, aunque no vamos a llegar hasta él. Bajamos una empinada rampa y a escasos doscientos metros, cuando llega el final de la bajada y antes de comenzar la subida, cruza la Rambla. Giramos a la derecha rumbo al Mar y aparcamos lo más cerca posible del agua, que hay que descargar las tablas. Además, salir desde ahí le da un aspecto más salvaje a la salida, evitando todo signo de civilización.

 

   Esta salida conviene hacerla con la mar en calma, tempranito, a sabiendas de que pudiera saltar el lebeche a medio día y nos trajera de vuelta con viento en popa. Jamás hacerla con Norte o con Levante. Con Sureste es algo complicada puesto que el mar rompe de costado y forma contra ola en la base de La Muela. La iniciamos temprano, remando, claro, por la Bahía del El Portús en dirección al Suroeste, con Cabo Tiñoso en proa y paralelos al litoral, que dejamos al Oeste. Pronto descubrimos a estribor un ojo formado por un arco rocoso en formación, pasada la Cala del Barranco de la Muela, que reconoceremos por los grandes cantos rodados que en ella se han ido acumulando.

   Seguimos navegando rumbo al Cabezo de la Aguja, con Cabo Tiñoso siempre frente a nosotros, formando una gran Bahía. Enseguida vemos otra formación rocosa peculiar: un canal de agua al que le ha caído una gran roca, quedando encajada a dos metros de altura, y por la que podremos pasar por debajo con el SUP. Seguimos rumbo al Cabo de la Aguja y justo antes de llegar, bajo el mismo, está El Cigarro, denominado también El Puro o La Aguja, rocosa salida del mar, de unos setenta metros de altura, pero que no llega a formar isla, puesto que está unida a tierra por una pequeña franja de terreno. Muy peculiar.

   Doblamos el Cabo de la Aguja, hacia el Oeste y tras remar un cable y medio español, unos trescientos metros, llegamos a Cala Aguilar. Vemos antes de entrar a la Cala que más allá está la casa del Comandante, -que por lo visto no fue de un comandante, según una nota manuscrita encontrada en un ejemplar del Libro de Cima, firmada de puño y letra por los nietos del entonces encargado de la Comandancia de Ingenierías Obras y Fortificaciones, Don Martín Guillermo de Tudela. Según la nota, se denominaría “Casa de la Aguja” en honor al nombrado Cabezo de la Aguja. Pasada la Casa del Comandante están las calas de Boletes y Salitrona, calas de arena con acceso muy escarpado desde tierra, pero que desde el agua es un placer llegar. Pero esta ruta da para otro artículo.

 

    Llegando a Cala Aguilar vemos, a ojo de buen cubero, que ésta mide unos ochenta metros de largo por treinta metros de ancho, en un valle escarpado en el encuentro de dos formaciones montañosas, con una pequeña arboleda en el centro que nos daría cobijo del sol si cayera a plomo. A la derecha mirando a tierra vemos un camino por el que antiguamente las mulas llevaban la munición, el rancho y pertrechos, de puesto en puesto de vigilancia militar, y bajo el Cabezo de la Aguja el Collado de la Aguja, por el que se accede a pie desde el Portús pasando por la ladera Este de La Muela. Una vez en Cala Aguilar podemos hacer dos cosas: descansar, bañarnos y volvernos o visitar la Cueva de Neptuno.

 

   La Cueva de Neptuno es también conocida como "de la Virgen", porque en la entrada submarina, a unos doce metros de profundidad hay una imagen de una virgen. ¿Quién la puso? No lo sé. Desde el agua tiene 40 metros de largo con acceso submarino a la gran bóveda, que es la que vemos nosotros desde arriba, desde el orificio que deja pasar la luz. Está formada por calizas tableadas azules, como consecuencia de una importante fractura y el posterior cabalgamiento de los materiales. La sala, de grandes dimensiones, tiene una pendiente de treinta y tres metros de largo por treinta de ancho y un ángulo de... ¿unos treinta grados?. El lago que se encuentra en su fondo es en realidad el agua del mar que penetra por la abertura hacia el mar en surgencia. No te recomiendo intentar salir a pulmón...

   Para llegar a ella por tierra nos dirigimos a pie, una vez puestos unos escarpines, o los pies de gato directamente, y cargado en la mochila estanca el material de escalada -ochos, cuerdas, arneses, mosquetones, gri gris, casco, etc- para hacer la rapelada dentro de la Cueva. Hay que subir unos treinta metros desde la playa por una zona de poca dificultad, aunque hay que echar mano a tierra un par de veces para llegar a la boca de la cueva, que no es más que el derrumbe del techo de la caverna. Observamos que hay varias reuniones para hacer una rapelada con seguridad. Si os encontráis alguna vez a uno por ahí diciendo que la cueva es suya no le hagáis ni caso. Perdió la cabeza hace tiempo. Abajo podemos observar una higuera y un par de palmitos. En estos momentos, antes de iniciar el descenso tienes la sensación de acabar de leer el Planeta de los Simios, de Pierre Boulle, para empezar a leer otra: Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne.

 Bajamos rapelando, con doble cuerda para mayor seguridad, con el más experto dirigiendo la operación. Experiencia inolvidable puesto que nada más empezar a descender nos vamos a quedar colgando dentro de la bóveda, descendiendo poco a poco y admirando la belleza absoluta de la Cueva.

Una vez reunidos todos abajo caminamos por la empinada bajada hasta el lago, en el que nos pegamos el baño, aunque sea Enero. Deciros que una vez nos encontramos con una cría de tiburón. No sabemos quíen se asustó más.

La vuelta… Ascenso por la pared de la cueva, asegurado arriba por tu compañero más habilidoso, por la vía que hay, no sin dificultad.

Una vez sales al exterior es como si hubieras estado en otro planeta. Bajada a la playa no sin antes disfrutar de las vistas de toda la bahía desde la cornisa de acceso a la cueva. Y vuelta a la playa por donde hemos venido.

 

Este vídeo incluye imágenes del descenso a la Cueva de Neptuno. Configura el reproductor en HD 720p.