Independence of the Seas vs paddlesurf.

    Independence of the Seas. Bien merece su nombre a una de mis tablas, pero no. Es el nombre del leviatán de crucero de trescientos treinta y nueve metros, en nuestro idioma, mil doscientos doce pies -frente a los diez pies de nuestras tablas- de la naviera Royal Caribbean International. Remar a su lado, cómo te lo explico... es un subidón idéntico al de subirte a la Tizona de Terra Mítica. No te exagero.

     Son las cuatro y media y me encuentro trabajando en la oficina. Tirorí tirorí, suena el teléfono.

-Sergio: Vamos a remar al puerto!

-Yo: ¿al puerto? Vale. A las seis en la antigua base de submarinos de la Guerra Civil.

     No me lo puedo creer. Bajando la cuesta de Bazán, hoy Navantia, mañana dios dirá, veo ese pedazo de crucero amarrado en la Terminal de Cruceros, frente a mí, tapando media Cartagena. El más grande del mundo junto con el Liberty of the Seas, el Freedom of the Seas, el MS Oasis of the Seas y pocos más.

     Mientras llega mi escudero Sancho preparo las tablas. No hay tiempo que perder si queremos -que queremos, yo lo he decidido-, remar lo más cerca posible. Mi padre me había comentado alguna vez que suele salir pegado al faro de babor entrando, así que que cuando llega Sergio le comento el plan para acercarnos lo máximo posible.

     Cuando el “Independencia de los mares” comienza a partir todo el lodo del fondo del puerto, mezclado con fina arena blanca, aflora a la superficie en sincronía con la sirena marca ACME -que tiene más decibelios que cuatro Pachás juntas- indicando la partida. Y lo hace sin ayuda de los prácticos del puerto: este gigante cuenta con ayuda de los magníficos Azipods que permiten maniobrar en un palmo de agua, girar a este campeón en 360 perfectos e increibles grados.

   Empiezo a grabar pero.... -”¡joeeeeee! Sergio, que sale por La Curra!” -el faro verde- en vez del Faro de Navidad -el de babor- El plan de tocarlo con la mano ha fallado -menos mal...-. Yo, steadycam en mano, remo en otro, mochila con los artilugios de grabación, la tabla en los pies y un poco de chopi lebechero, apenas puedo mantenerme en pie, pero Sergio intenta una aproximación. Lo justo para poder grabar a ambos extremos de la navegación juntos. Mientras en la tabla cabe uno, en este mastodonte pueden alojarse cuatro mil trescientos setenta pasajeros y la tripulación de mil trescientos sesenta personas. Suma tú...

   Si bien, suele navegar a veintiuno con seis nudos, o lo que es lo mismo, veinticinco millas -terrestres- por hora, o cuarenta kilómetros por hora -no hay kilómetros marítimos- sale a escasos tres nudos, lo máximo permitido en puertos y a Sergio le da tiempo a ponerse a su estribor, pero lejos, y luego remar su preciosa popa. Hasta que se da cuenta de los remolinos que forman sus hélices. De repente veo que sale por pies y es que hay uno que quiere chupárselo cual caramelo.

  Después de ver salir al último buque de la clase Freedom -la siguiente generación es la clase Oasis- nos dirigimos rumbo a La Parajola, una cala paradisíaca en medio de un complejo militar como es La Algameca. Testigo directo de hundimientos señalados en la Guerra Civil, como el del Castillo de Olite. De este hundimiento hay ríos de tinta escritos e invito a leer.

  Tras pasar La Algameca Chica y sortear a unos clavadistas locales llegamos a un spot donde se practica Psico Block. Sergio ha empezado a practicarlo y llevaba unos viejos pies de gato en la mochila para hacer algún que otro intento.

  Parece que el día nos sorprende de nuevo y nos encontramos con la creme de la creme local de esta disciplina. Me quedo sorprendidísmo de lo que se puede llegar a hacer en una roca que reúna las características adecuadas para desarrollar esta disciplina. Bueno. ¿y el Angel? Me dejó estupefacto.

 Después de una hora y a punto de caer el sol ponemos Sergio y yo rumbo a puerto, con una gran experiencia en nuestros bolsillos del bañador mientras voy pensando que el Independence of the Seas hace lo mismo: poner rumbo a Southampton, Inglaterra, su base. Y me imagino que la proporcionalidad de nuestras travesías están totalmente equilibradas. O no, quién sabe. La nuestra ha sido excepcional.

 

 

Vídeo, fotos y texto: @pablo_wing